La Escuela de Minas de Oviedo:
Reflexiones tras la XXX Promoción

En los albores de los años 60 comenzó su andadura la E. T. S. de Ingenieros de Minas de Oviedo. Fue el tesón de magníficos ingenieros, integrados en el tejido industrial de nuestra región, lo que culminó en la creación de una Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas. Los Planes de Desarrollo españoles de la última etapa de Franco, habían hecho que España alcanzara un nivel económico y de empleo que hacía a Europa mirarnos con mejores ojos, y que decidió el apoyo, aunque tardío no desdeñable, de los americanos. Asturias tenía entonces una industria minero-metalúrgica pujante, y la producción de energía estaba creciendo a un ritmo tremendo. En este caldo de cultivo y con el empuje personal del Dr. Ing. Francisco Pintado Fe, cristalizó en Asturias nuestra Escuela.

Los principios docentes fueron difíciles. Se pudo superar la ausencia de profesores, ingresando en las aulas magníficos profesionales de la Ingeniería que ejercían en diversos sectores. Las ciencias básicas las explicaban también ingenieros y algunos profesores de Ciencias, que lo hicieron, a pesar de todo, con auténtica dignidad. Tardaron pocos an˜os (1965) hasta que nuesta Escuela tuviera sus primeros catedráticos, los profesores Carlos Conde y José A. Martínez, que aún están con nosotros y Francisco Pintado Fe, q.e.p.d.

Fueron las primeras promociones cortas de alumnos, pero todos ellos inmejorables, comoa ha quedado patente en su carrera profesional, que ahorea conocemos.

Hoy, 30 años después de la primera promoción cabe preguntarse por la trayectoria de esta Escuela, en s papel formador de ingenieros. ¿Hemos cambiado? ¿Hemos mejorado? ¿Qué circunstancias han incidido en la configuración docente-discente de la Escuela?

Existe un momento -año 1961- en que nuestra Escuela pasa a depender del Ministerio de Industria e ir muy paralela a la Escuela de Madrid, a depender del Ministerio de Eduación. Unos años más tarde, 1971, la Escuela se integra en la Universidad de Oviedo. En 1982, nuestra enseñanza se ve condicionada por la LRU, y el sistema departamental implantado en la Universidad de Oviedo hace que personas desconocedoras de las carreras técnicas vayan a soportar la enseñanza, fundamentalmente la básica, de nuestros alumnos.

En mi opinión, los inconvenientes que puedieron tener nuestros profesores de los principios, por una dedicación en algunos casos insuficiente a la tarea docente, no han sido mejorados, en general, por el cambio a un profesorado con dedicación a tiempo completo. Además, de las famosas estructuras de los planes de estudio con ingreo -plan 1957-, cursos selectivos -plan 1964 y siguiente- o asignaturas llave, se ha pasado a una estructura, con el plan actual, en que el alumno puede estar matriculado de asignaturas de todos los cursos, con lo que se llega a la conclusión de que las Matemáticas, Física y Química no son necesarias para aprobar las asignaturas tecnológicas. De hecho así sucede.

Estamos hoy con un profesorado a tiempo completo, en general, con una preparació heterogénea en las asignaturas de primero y segundo curso -hay muchos profesores que no son doctores-, pasando a proferores Titulares y Catedráticos de Universidad en asignaturas tecnológicas. Esta estructura docente no parece mejorar la formación de nuestros alumnos.

Se suele decir que la masificación y la ausencia de selección puede ser la causa de la baja calidad discente. Sin embargo, en mi opinión, es una estructura universitaria que aparenta amparar los derechos de los alumnos, pero que permite maltratarlos como grupo, en los cursos en que se imparten ciertas asignaturas, fundamentalmente básicas. El control, desde la Escuela, de estos dislates es difícil, pero no imposible. Los que resulta más chocante es que, bajo la pretendida libertad de cátedra, se dé ese mal trato a los estudiantes, que les lleva a estados de desgaste máximos en las asignaturas básicas, y que cuando llegan las tecnológicas, no desean aprender, sino aprobar, según ellos mismos manifiestan.

En resumen, podemos decir que hoy, con las excepciones siempre dadas, nuestros estudiantes salen muy cansados, desilusionados y quizá envejecidos para un mercado profesional cada vez más exigente. El alumno excepcional no vale como muestra.

¿Soluciones? Son evidentes. Sacar el nuevo Plan de Estudios y solicitar a los responsables de hacerlo las obligaciones pertinentes. Hablar entre Departamentos y Directores para dotar a los primeros cursos de profesores que ayuden en la selección sin maltratar a los alumnos. Son bastantes los buenos estudiantes, hartos de pasarlo mal, que emigran y se hacen ingenieros en otras Escuelas como la nuestra de Madrid. Aliviar el parón en las asignaturas de cursos tecnológicos en las que hay atasco de alumnos, para lo que precisamos del nuevo plan de estudios no aprobado. Establecer una prueba objetiva para informar a los alumnos, antes de matricularse, de sus posibilidades frente a nuestra carrera, ya que el examen llamado de selectividad no es eficaz por no estar bien diseñado para tal fin.

Finalmente, el sentido común deberá reinar en la Escuela, para que se dialogue más en las comisiones de control y gobierno; que se adquiera la fuerza moral en los órganos directivos, para atender los casos extravagantes que se están dando en nuestra Escuela. Los profesores deberíamos aplicarnos el conocido aforismo de para servir, servir y dedicarnos al trabajo; los estudiantes, a lo suyo que es estudiar y utilizar las tutorías, que no se aprovechan suficientemente.

Más promociones vendrán despues de esta XXX que, sin lugar a dudas, pueden y deben ser mejores que aquellas primeras. Todo ello, si sabemos reaccionar.

JOSÉ P. SANCHO MARTÍNEZ


© 1995-96, etsimo WWW team